Especialistas advierten que los cambios propuestos abren la puerta a abusos, incrementan la incertidumbre y amenazan con desincentivar la inversión y elevar la informalidad.
A inicios de los años 2000, el entonces candidato Alejandro Toledo acuñó una frase que, más de dos décadas después, continúa en la memoria empresarial como un fantasma que nunca se retiró del todo: “la maldita Sunat”.
El término nació como una crítica política y terminó convertido en un símbolo: el de una administración tributaria percibida como un aparato recaudador implacable, capaz de asfixiar al empresario, erosionar la formalidad y empujar a miles hacia la informalidad e incluso la ilegalidad.
Hoy, ese fantasma vuelve a tomar forma. Todo indica que el Gobierno del presidente José Jerí pretende reactivar a ese monstruo burocrático que, lejos de promover la formalidad, generó desconfianza, espantó inversiones y paralizó proyectos en distintos sectores de la economía.
En Palacio emplean la expresión “ampliación de la base tributaria”; en el MEF prefieren hablar de “modernización de la fiscalización”. Sin embargo, para miles de contribuyentes aparece otra imagen: la del sistema que castiga primero y pregunta después.
La alarma se encendió a partir de una señal política concreta: el Ejecutivo solicitó al Congreso facultades legislativas para introducir cambios tributarios. En los últimos días, la ministra de Economía y Finanzas, Denisse Miralles, adelantó algunas líneas generales del nuevo enfoque y, lejos de transmitir claridad, puso los pelos de punta a más de un empresario.
Durante su exposición en la inauguración del XXXVI Seminario Anual de Investigación 2025 del CIES, la ministra detalló el paquete de medidas tributarias y administrativas que el Poder Ejecutivo aplicaría si el Congreso aprueba las facultades legislativas solicitadas.
El Gobierno promete modernizar el sistema fiscal, cerrar vacíos normativos y fortalecer la lucha contra la evasión. Sin embargo, detrás de ese discurso técnico aparece la sospecha de siempre: cada modernización anunciada por la Sunat termina convertida en un nuevo arsenal para presionar al contribuyente y ampliar su capacidad de cobranza sin controles visibles.
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